Entre este dolor de tripas me aferraba a la última mentira
pero eso era una mentira solamente.
Estaré para ti...
Siempre.
Hoy abro mis ojos y me doy cuenta que no es así, que siempre no existe.
Siempre me han abandonado y siempre me han mentido.
Ahí sí existe, en el cementerio de mi confianza.
Entiendo, entiendo. Yo soy el niño enfermo.
Con heridas de dolor y desconfianza.
Entiendo, entiendo. Yo soy el que quiso y nunca fue querido.
Porque nadie puede quererme desde lo imposible y lo inoperable.
Ahora soy un hombre que va a jugar a ser un dueño.
Dueño de sí mismo, dueño de lo que se pide de él.
El amor de la criatura en falaz y mudable.
Dios me ha mostrado que sin él yo no soy nadie.
Solo te tienes a Dios y a ti.
Este dolor de tripas fue la oportunidad perfecta par darme cuenta.
Mentias, reías, morías y yo te creí.